Llegamos a un acuerdo, paz.

Hace poco —una semana como mucho—, leí una frase que decía que a la depresión había que invitarla a comer a tu mesa, y escuchar lo que tenía que decirte.

Yo decidí ir un poco más lejos.

Después de escuchar lo peor que yo tenía para decir sobre mí, me respondí.


Las épocas buenas

Cuando las cosas nos van bien, tendemos a volvernos despreocupados.

Como muchos de ustedes, yo he pasado por cosas muy difíciles durante las diferentes etapas de mi vida.

Hoy en día, hay algunas que me parecen tontas y otras hasta graciosas.

Pero hay otras circunstancias cuya dificultad me sobrepasó.

Y digo me sobrepasó porque en ese momento no me encontraba preparado para manejar un problema de esa magnitud.

¿Y qué podría ser esto? En mi caso fue un golpe a mi ego, pero podría ser cualquier cosa.

Como ya he comentado en anteriores post, mi ego solía ser un limitador, porque siempre quería aparentar que las cosas eran perfectas, y cuando no podía, no hacía nada.

Post relacionado: El problema del perfeccionismo.

Pero si lo veo desde otra perspectiva, mi ego fue también el factor psicológico que me “obligó” a esforzarme siempre al máximo.

Y cuando las cosas salían como yo quería, me volvía confiado.

Y las cosas salieron bien por un largo tiempo.

Al sentirme encaminado por el camino del éxito, mi autoestima empezaba a crecer de una manera como nunca antes.

La experiencia también fue un factor que ayudó a esto.

Al sentirme con la suficiente experiencia en lo que yo hacía, me sentí lo suficientemente “bueno” en ello. Pero nada es para siempre.


El golpe al ego

No sé si les habrás pasado; pero a veces uno se ciega ante la posibilidad de lo rápido que las cosas pueden cambiar.

A mí me pasó.

De pronto un día, “de la nada”, la vida me arrojó un baldazo de agua fría, y el susto no me dejó reaccionar.

Perdí muchas cosas, muchos privilegios, muchas oportunidades.

Lo interesante es que en ese momento me di cuenta de todas la señales que habían habido durante mucho tiempo, y que yo no quise ver ¿Curioso no?

Pero más allá de lo que este evento me podría haber costado económicamente, lo que más me dolió fue el golpe que había recibido mi ego.

Me dolió casi por dos años

Y tuve la suerte de que Di estuviera conmigo durante todo ese proceso siempre alentándome.

Durante casi dos años viví en un estado depresivo, decaído, con ganas de hacer poco para volver a triunfar.

Supongo que es cierto cuando dicen que a veces la vida nos enseña de la peor manera.

Es extraño como a veces parece que la vida se las agarra contigo y te hace las cosas cada día más difíciles; pero déjame decirte que ese es el momento que traza la línea entre ganadores y perdedores.

Los ganadores no son las personas que nunca se equivocaron, sino que son aquellos que a pesar de todo, se levantaron y derrotaron a las adversidades.

Yo decidí ser un ganador. No es casualidad, es una decisión consciente.

No me avergüenzo de haber fracasado, al contrario, reconozco que muchos aspectos en mi estaban mal; lo acepto, y lo hago parte de mí como la promesa de aprender de ellos y tratar de no volver a cometerlos.

No pidas una carga ligera sino una espalda más fuerte.

*frase de terceros*


Nadie nunca mejoró sin hacer nada

Lo bueno de aprender que nada dura para siempre, es darte cuenta que los problemas tampoco.

En la vida, lo más triste no es ser desgraciado del todo, sino que nos falte muy poco para ser felices y no podamos conseguirlo.

*frase de terceros*

Después de haberme “echado al abandono” por más tiempo del que me gustaría admitir, decidí que era tiempo de levantarme.

Di creía en mí, y todas las demás personas que me querían también, entonces ¿Por qué no debería yo creer en mí?

Me gustaría usar este párrafo para dejar en claro lo importante que es contar con apoyo al momento querer hacer mejores cosas, tal y como menciona Celia en su post.

Decidí tomar las riendas de mi propia existencia y empezar mi nuevo camino al éxito.

Pero esta vez ya no iría a loco, ni a lo ciego, ni haciendo que mi estabilidad dependa de factores externos.

Miré a mi depresión a los ojos, esos ojos tristes y con ira, ambos sabíamos que no era una despedida, era diferente.

Después de ver y escuchar lo peor que podía decirme, decidí abrir mi corazón y aceptarlo, agradecer la experiencia recibida.

Finalmente invité a mi depresión a sentarse al lado mío, para que pueda ver de primera mano cómo triunfo en un mundo que tanto teme.

Tomé la decisión consciente de empezar “desde abajo”, con más fuerza y más seguridad.

Decidí reinventarme, ser uno con todas las partes de mí mismo.

Hoy soy el resultado de combinar mi ego, mi depresión, mis penas y mis problemas, pero también mi experiencia, mi pasión, mi arte, mi profesión y mi felicidad.

Acepto que no puedo abandonar mi pasado, porque para saber a dónde voy tengo que saber de dónde vengo.

Pero también acepto que mi pasado no me define ni me limita.

Amo Di, amo a mi familia, amo mis schnauzers; y es por eso que no seré más una carga para ellos.


Me llamo Guillermo Diaz, y después de escuchar lo que mi peor yo tenía que decir, le contesté con mis planes del futuro.

Escribo este post porque me gusta escribir, y porque si puede ayudar al menos a una persona, debo hacer el esfuerzo.

Adiós.

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