A medida que uno va creciendo, la mentailidad que tenemos se va ajustando a diferentes etapas que vamos viviendo y aprendiendo durante el paso de los años.

Hasta que un día, empiezas a dejar de hacer las cosas que quieres hacer solo porque no te salen perfectas.

Y en este post vamos a hacer un viaje a través de lo que probablemente sea la historia de muchos de los que están leyendo este post, y que además contiene experiencias mías -soy Guille, por cierto- para poder entender algunas cosas sobre el perfeccionismo.

Si quieres ir a la parte interesate, ve donde literalemten dice “Acá empieza lo interesante“.


No nacemos perfeccionistas

Cuando uno es muy niño, ni siquiera entiende qué es el perfeccionismo, y por lo general, tampoco tenemos intenciones de ponerlo en práctica; corremos como podemos, nos ensuciamos, metemos los dedos a la masa cuando cocinamos postres con mamá, y nos lastimamos con una frecuencia que preocuparía a cualquier médico.

Ya así podemos ir diciendo como conclusión anticipada que el perfeccionismo no es innato, ni es natural.

Pero esto nos trae una pregunta directamente al frente ¿En qué momento sucumbimos al perfeccionismo?

Personalmente yo lo tengo claro, cuando las demás personas empezaron a asumir demasiadas cosas buenas de mí. Que si era muy bueno en algo, que si mi futuro era prometedor, que era alguien particularmente amable.

Y con esto no quiero decir que sea culpa de otras personas, soy yo quien se tomó la molestia de querer encajar con las expectativas ajenas, y nadie tomó por mí la decisión de sobreesforzarme por conseguir cosas que no quería, solo por que se hable bien de mí.

Todas las personas tienen derecho de hacerse ideas preconcebidas sobre personas que no conocen, muchas veces encajarlas en estereotipos también es algo muy común.

Entonces me pasé mi juventud y parte de mi vida adulta tratando de ser ese Guillermo en la mente de los demás; aprendí cosas que no mostraba a nadie nunca porque no me salían “perfectas” y tomé decisiones pensando en el bien común —dentro de mi imaginario concepto de común— más que en mi propio bien.


Acá empieza lo interesante

Y entonces un día me di cuenta de que a las personas en el fondo no les interesaba lo que yo era. Sí, tenían una idea hecha sobre mí; pero si yo no era como ellos creían, tampoco les afectaba en nada.

Así fue como me di cuenta de todo el tiempo que había desperdiciado tratando de encajar en un concepto de “perfecto” que no era el mío, y que debía cambiar si no quería ser un amargado por el resto de mi vida.

El perceccionismo es justamente ese parásito que vive en tu interior y que se almienta de creer que a los demás les importa demasiado lo que yo haga, y yo acababa de tomar la primera cucharada de la medicina.

Aceptar que había sido perfeccionista fue la segunda parte del tratamiento, complementándose con el darme cuenta de lo poco que había conseguido limitándome a ser “perfecto”.

Y después de eso decidí ser firme en lo que yo mismo había decidio que era lo mejor para mí —¿Ven como a través de la historia, recíen me he empezado a preocupar por mí?—.

Como para ponerme a prueba, empecé a ser más abierto con mostrar las cosas que sabía pero no había dominado al punto de la “perfección”.

Sabía un par de trucos de magia con cartas, de los cuales muchos me salían muy mal, pero empecé a mostrárselos a mis amigos, a mis familiares; también empecé a hablar con desconocidos en la calle, ya sabes, en la cola del banco, o cuando simplemente pasaba.

Empecé a sonreír más.

¿Y saben qué? Nadie me pegó cuando me equivoqué en un truco de magia, o cuando sonó muy mal una nota en mi guitarra; nadie me gritó cuando empezamos a hablar casualmente; ni tampoco he tenido problemas con nadie por haber escrito posts muy malos en este blog, o por lo mal que editaba los episodios de nuestro podcast al principio.

Con esto no digo que tienes que abrir un blog, o aprender magia, o empezar un podcast.


Saca lo mejor de cometer errores

Cometer errores cuando recién estás aprendiendo no es algo malo, al contrario, es el mejor regalo que te puedes dar; porque te das la oportunidad de aprender algo, o de simplemente ver que no funciona y así poder pasar a la siguiente idea.

¿Signifca esto que ya no me da vergüenza equivocarme? JAJAJAJA Claro que me muero de la vergüenza, mucha, pero no voy a dejar que el perfeccionismo me limite otra vez, simplemente hago las cosas, y si después tengo que corregir algo lo hago en el camino.

No es fácil, pero no tiene que serlo, nadie nunca llegó al éxito por un camino pavimentado con almohadas.

Y aunque aún no me siento como alguien súper exitoso, sí siento que los errores que he cometido hasta el día de hoy me han llevado a ser mejor de lo que sería de seguir queriendo hacer todo “perfecto”.


Ahora por ejemplo pondré una serie de memes para que los más jóvenes puedan entender de lo que va este post en su propio idioma.


Espero que a través de mi historia hayan podido aprender algo, o hayan finalmente tomado la decisión de dejar de decir que son perfeccionistas, en cualquier caso, a mí me gustaría leer tu historia para poder aprender cosas nuevas también.

Así que si no tienes pensado abrir tu propio blog en el corto plazo, te invito a que me cuentes tu historia en comentarios, y si tienes tu blog pues adelante, deja el link a tu historia que estaré feliz de ver cómo vamos mejorando todos.

Yo soy Guille, y nos leemos pronto. Adiós.